¡Vaya otra vez llego tarde! Pensó María cuando entró por la puerta de la oficina, eran las 9.06h llevaba más de tres semanas que no había llegado a su hora. ¿Porque? ¿Pues creo yo que por desmotivación? ¿Despreocupación? ¿Hasta el huevón? Uff…claramente María no llegaba ilusionada al trabajo. Martes 9.10h sentada ya en su mesa, ordenador delante, misma screen azul pero María ya no la ve azul, la ve gris. Abre correo electrónico, 6 correos nuevos, los revisa y ¡mierda! 2 marrones hiper urgentes. Se enfunda sus lentes recoge su taza y la llena de agua caliente, ¡cómo no! ¡Necesita un mate! Un mate que la revitalice. Suspira, ella suspira. Pasan dos, tres y cuatro horas, y voila ¡hora de comer! Que ilusión la jornada se va acabando, y así, pensó ella, van sucediendo sus días esperando que se acabe la jornada laboral, encerrada en una oficina día tras día, esperando que llegue el viernes pero que no llegue el lunes.
Pero pienso yo que María no está sola, cuantos miles de personas tienen ese sentimiento, ¿alguien encontró la solución? Hagamos una reflexión y no pasemos más días como autómatas, vivamos, proyectemos la vida diaria con ilusión. Si no te gusta lo que haces proyecta un cambio, tarde o temprano llegará, pero debemos hacernos un favor a nosotros mismos y a los que tenemos alrededor, vivamos no muramos en vida. Happy day! Que sepáis que a María le llegó el cambio.
Oye, y ese cambio cual fue!?
ResponderEliminarNos dejaste con la intriga!
Cris.. que bien verte por aquí.
ResponderEliminarPues que siga la intriga, revolución por dentro cambio por fuera, se irá viendo ya verás. Besito